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Antibióticos y riesgo de daño hepático

Antibióticos y riesgo de daño hepático

Los antibióticos son uno de los medicamentos más utilizados en la práctica clínica y constituyen una medida esencial en la lucha contra las infecciones bacterianas. Su uso es, sin embargo, no exento de riesgos. En este artículo nos centraremos en el riesgo de daño hepático asociado al uso de antibióticos.

El hígado es el principal órgano encargado de procesar y eliminar los fármacos del cuerpo. El uso prolongado o inadecuado de ciertos medicamentos, incluyendo los antibióticos, puede causar alteraciones a nivel hepático, ya sea por su toxicidad directa o por la activación inmunológica del sistema hepático.

Los efectos hepáticos de los antibióticos pueden variar desde leves elevaciones en las enzimas hepáticas hasta hepatitis fulminante y muerte. Los pacientes con enfermedades hepáticas previas, como la cirrosis, tienen un mayor riesgo de sufrir efectos adversos debido a la susceptibilidad hepática ya comprometida.

A continuación, se describen algunos de los antibióticos relacionados con un mayor riesgo de daño hepático.

1. Antibióticos macrólidos: claritromicina, eritromicina, azitromicina.

Los macrólidos son antibióticos ampliamente utilizados en la práctica clínica debido a su eficacia y su buena tolerancia. Sin embargo, algunos de estos fármacos, como la claritromicina, eritromicina y azitromicina, han sido asociados con casos de hepatotoxicidad, especialmente en pacientes mayores de 50 años y con enfermedades hepáticas existentes.

2. Antibióticos penicilinas: amoxicilina y ampicilina.

Las penicilinas son antibióticos muy comunes y se utilizan para tratar una amplia variedad de infecciones bacterianas. A pesar de su buena tolerancia, la amoxicilina y la ampicilina han sido asociadas con casos de hepatitis y colestasis.

3. Antibióticos fluoroquinolonas: ciprofloxacino, levofloxacino, moxifloxacino.

Las fluoroquinolonas son antibióticos utilizados para tratar infecciones graves, especialmente aquellas causadas por bacterias resistentes a otros antibióticos. A pesar de su eficacia, estos fármacos pueden causar toxicidad hepática, especialmente en pacientes mayores de 60 años.

4. Antibióticos tetraciclinas: doxiciclina.

La doxiciclina es un antibiótico de la familia de las tetraciclinas, que se utiliza para tratar una variedad de infecciones bacterianas. Aunque la toxicidad hepática es rara, se han descrito casos de hepatitis fulminante asociados con su uso.

5. Antibióticos sulfonamidas: sulfametoxazol / trimetoprima.

El sulfametoxazol / trimetoprima es un antibiótico ampliamente utilizado para tratar infecciones del tracto urinario, neumonía y otras infecciones bacterianas. A pesar de su amplia prescripción, estos fármacos pueden causar lesiones hepáticas, especialmente cuando se utilizan en combinación con otros fármacos, como el paracetamol.

6. Antibióticos antituberculosos.

Los antibióticos utilizados para el tratamiento de la tuberculosis, como la isoniazida y la rifampicina, se asocian con una mayor incidencia de hepatotoxicidad, especialmente en pacientes con enfermedades hepáticas previas.

En conclusión, aunque los antibióticos se consideran medicamentos seguros, es importante tener en cuenta el riesgo de toxicidad hepática asociado con su uso. Los médicos deben evaluar cuidadosamente los beneficios potenciales del tratamiento con antibióticos frente al riesgo de daño hepático en cada paciente individual. Además, los pacientes deben informar a su médico sobre cualquier síntoma de malestar abdominal, ictericia o náuseas, ya que podrían ser indicativos de una posible toxicidad hepática.